Carlos Pederiva - homenaje

Publicado por La Voz de Ituzaingó
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Carlos Pederiva nació en Baradero en 1942 y vivió los últimos 20 años de su vida en Ituzaingó, hasta el 24 de febrero de 1999.

Desde 1982 se dedicó exclusivamente a la pintura como única actividad, trabajando en su ámbito familiar, mientras veía crecer a sus 4 hijos.

Su producción artística siempre se inspiró en su entorno más cercano.

En Ituzaingó cambió el estilo de su obra, que fuera abstracta y neofigurativa en un comienzo, para transformarse a un realismo pleno de magia, el cual también se refleja en la poesía que impregna los títulos de sus cuadros. Toda la obra vendida a la Presidencia de la Nación, está inspirada en Parque Leloir, así como la espléndida pintura que se puede ver en la planta baja del Centro de Ojos de Ituzaingó.

Ejerció el oficio de pintor, habitando ese mundo particular que lo protegía de una realidad social por momentos demasiado conflictiva.

Poseedor de una personalidad contradictoriamente fuerte y a la vez tierna, era para él pintar más que un deseo una necesidad vital. Quizás porque el arte lo acercaba a la verdad que tanto apreciaba.

Su búsqueda era la luz, esa luz que tan bien se reflejaba entre los árboles, calles e interiores que habitan sus pinturas.

César Magrini expresó acerca de su obra: “un manejo de la luz que equivale a la más sabia de las maestrías”.

En esta muestra-homenaje se pueden apreciar las diversas temáticas que encaraba al momento de pintar, como paisajes, figuras, interiores… Lo que todas tienen en común es el tratamiento de la luz y la instantánea imagen de un momento que apareció ante sus ojos.

Dieguez Videla comentó en el Cronista Comercial: “las escenas de Pederiva tienen de la realidad su esencia”.

Julio Sapolnik escribe en el catálogo de su muestra en el Palais de Glace: “La obra de Carlos Pederiva se estructura desde la fuerza de un lenguaje del pasado, y se vuelve totalmente contemporánea al expresar los secretos de una memoria recreada, que activa la imaginación del observador”.

En uno de esos árboles de Ituzaingó donde él quiso permanecer, descansan sus cenizas; y en su obra, su genio, su locura y el espíritu que de ella emana.

Fuente: Raquel Davidovich / Lucio Pederiva / Gabriela Olivieri, ETI - Ituzaingó, abril de 2011

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